domingo, 21 de septiembre de 2008

TEXTO Nº1

Los nuevos rostros de la pobreza en Valencia

Parados de la construcción, madres solteras y mayores solos forman el perfil principal de la exclusión







Alfons Garcia, Valencia
Necesitado, que no tiene lo necesario para vivir. Es lo que la Real Academia Española de la Lengua entiende por pobre. Para los economistas, es aquel que no alcanza el 60% de los ingresos medios del lugar donde reside. Un total de 842.746 valencianos viven bajo este umbral, según el estudio más reciente (el Informe de la Inclusión Social 2008 de Caixa Catalunya). Es lo que los técnicos llaman "pobreza moderada" (¿se puede moderar la necesidad de lo más básico?) Son el 16,8% de la población de la Comunitat Valenciana -en la mayoría de autonomías el índice es peor- y son personas que subsisten con menos de 6.810 euros al año. Para que se entienda mejor, sobreviven con menos de 567 euros al mes. Alquiler (o hipoteca, en el mejor de los casos), luz, agua, gas, comida, la ropa de los niños, los libros de texto. Todo ha de salir de ese pequeño saco.
Las cifras, vistas así, desde la frialdad científica, pueden resbalar, pero lo que esconden es la realidad diaria a la que se enfrentan, por ejemplo, Mª Carmen, Ricardo, Elena y Mari, que han aportado su testimonio a Levante-EMV. Su decisión tiene especial valor en una sociedad (la de la opulencia, para algunos, y de la apariencia, para casi todos) que tiende a apartar la vista ante la miseria, que parece mejor que quede en casa.
Mª Carmen ha vivido en un coche, Elena y sus hijos llevan dos semanas sin gas, Ricardo no alcanza al 15 de cada mes, Mari saca adelante a los seis de casa con ayuda de compañeras y vecinos, pero, como dice Mª Carmen, tienen "integridad y fuerza". Y la voluntad de salir adelante, con la cara alta. "La pobreza no es una enfermedad", repite ella.
La pobreza es hoy asunto de primera actualidad, cuando soplan vientos fuertes de crisis. Cáritas Valencia -una entidad que aporta la inmediatez que la Administración no tiene ante estos problemas- ya lo ha notado. Cuenta su responsable de Acción Social, María Luisa Haro, que, aunque no tienen datos contabilizados, en los seis primeros meses de este año aprecian un claro aumento de demanda de atención por parte de ciudadanos nacidos en España. Unos han perdido el trabajo, otros no tienen bastante con el subsidio de desempleo. La ruptura de contratos en la construcción se deja notar. "No se pide para comer, sino para pagar los gastos" (hipoteca y demás), explica. Otro rasgo -este se repite durante los últimos años- es lo que los técnicos llaman la feminización de la pobreza: cada vez son más madres separadas, que se quedan con la responsabilidad de los hijos, las que piden ayuda. Menores y mayores solos son otros perfiles con especial riesgo de necesidad, según el estudio de Caixa Catalunya.
Cáritas exige la ley de rentas ya
"La pobreza continúa existiendo y afecta a los de siempre, porque no hay verdadera intencionalidad política en todo el mundo de que desaparezca", señala Haro. Traducidas a la realidad valenciana, las palabras de la responsable de Cáritas son una llamada de atención para que la ley de rentas mínimas (renta garantizada de ciudadanía, en su última denominación) "se ponga en marcha ya", después de tanto tiempo en espera.
Javier Arbilla es párroco de la iglesia de los Desamparados del barrio de Nazaret de Valencia (el de la Fórmula 1 e históricamente uno donde se concentran las rentas más bajas). Sabe de contrastes y de escasez: "Cuando te metes, te das cuenta de que hay mucha gente con necesidad y de que la sociedad funciona como si no existieran. Es casi un insulto". Pero estos barrios periféricos, agrega, tienen una riqueza especial: la de la red de asociaciones y personas que dedican su tiempo a quienes más lo necesitan.
Un ejemplo de ello, en otra zona, es la Coordinadora de Colectivos del Parque Alcosa. "Imagínate hace veinte años. Caballo hasta las cejas; los hermanos, enganchados, y los padres, parados, en el bar". Antonio Valero explica de esta manera cómo un grupo de jóvenes puso en marcha en 1985 el Colectivo en el citado barrio de Alfafar, uno de esos lugares que hace unas décadas, vistos desde fuera, eran sinónimo de depresión económica, violencia y problemas sociales. Desde entonces llevan luchando para mejorar la convivencia y ofrecer algunos puestos de trabajo para la gente del entorno que lo necesita. Con la característica de que los recursos los gestionan los propios afectados organizados y no técnicos o administrativos municipales.
Tras mucha experiencia en el trabajo de calle, Valero se pronuncia con contundencia: "Claro que la pobreza tiene solución. Hay que matar al responsable", que es el modelo económico y social imperante, dice. El que hace que en unas zonas se concentre el capital y en otras, no. Son África y el Cuarto Mundo las escogidas para la miseria. "No es casualidad el sida en África. Hay un sector de población sobrante, que no sirve ni como productor ni como consumidor. En Occidente pasa con estos barrios", sentencia. Es algo estructural, añade, va más allá de crisis, "aunque el perro pobre también las nota más, claro".
Cerca de él, María del Carmen Camón -una de las beneficiarias de los proyectos de la asociación- corrobora los efectos de la caída económica. La gente está bastante empobrecida y por eso valora más su "esfuerzo por no hacer cosas extrañas". "La pobreza es una consecuencia de la mala política -insiste-; son estrategias. Pero la gente es más lista de lo que se creen los políticos".

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